domingo 31 de julio de 2011

PostSecret

¿Alguna vez ha mantenido un secreto que le resultaba una carga pesada y del que le hubiera gustado liberarse?


En diciembre de 2003, Frank Warren viajó a París. Allí, el primer día, compró 3 postales de “El Principito”. Estando en el hotel, se fue a dormir dejando las postales en el cajón de su mesita de noche. Esa noche tuvo un sueño en el que aparecía él observando las tarjetas que habían sido escritas. En una de ellas ponía: “evidencia irreconocible, de viajes olvidados, sin saberlo redescubierto”; en otra: “oráculo reacio” y la otra no la entendió. Cuando se despertó intentó recrear lo que había visto en su sueño. En enero de 2004 empezó a lanzar mensajes cada domingo, los cuales eran descubiertos por accidente por distintas personas y de lo que los medios se hicieron eco. El último mensaje fue: "vas a encontrar tus respuestas en los secretos de los extraños." El domingo siguiente empezó PostSecret.



PostSecret es un proyecto de arte comunitario en el que la gente envía por correo sus secretos plasmados en una postal personalizada hecha en casa y de manera totalmente anónima.


Warren recibe cientos de postales a la semana desde distintos puntos del planeta de las que escoge unas pocas postales para mostrarlas cada domingo en el blog. Su blog es considerado el mayor blog sin publicidad en el mundo.


Además, organiza exhibiciones de arte y edita libros con las distintas postales que recibe y colabora en asociaciones para prevenir el suicidio. Es importante ser creativo, pero que no se utilicen imágenes con copyright que puedan impedir incluir su secreto en nuevos libros.

Liberad vuestro secreto y sed vosotros mismos.”


Visite secretos en PostSecret.
Para más información.

viernes 27 de mayo de 2011

Indignados somos todos


Hoy me avergüenza vivir en este país. Los indignados no son más que personas normales que han salido a la calle reclamando sus derechos como ciudadanos, por ejemplo que no se recorten servicios sociales (y al día siguiente se anuncien aumentos de los sueldos de los políticos). Se reducen servicios sanitarios y educativos, ¿qué sociedad queremos, llena de incultura y enfermedad? Los pobres cada vez más pobres, los ricos cada vez más ricos, ¿qué mundo estamos creando? Los políticos son sordos y ciegos a las demandas de la sociedad, ¿qué hay del sentido de la “democracia”? ¿representación del pueblo? La gente ha aguantado mucho, demasiado, pero ya han agotado nuestra paciencia. Vivimos en un país de pandereta, no me extraña que en muchos países del mundo se siga pensando que vivimos bajo una dictadura (enmascarada tras unas urnas quizá).

CIU ganó las elecciones en Catalunya hace 5 días y hoy ya ha sacado a sus pit-bull a pegar a gente indefensa y pacífica, a limpiar lo que le molesta a base de golpes, como el más incivilizado de los países. Y aún hay políticos que comparecen alardeando de la situación y justificando a los agresores.

Nos gustaría que los medios informativos
informaran, sobre todo los públicos, que se comportan como rancios dispositivos al servicio del gobierno en vez de al servicio de la sociedad (de donde sale su financiación) viviendo al margen de la realidad social, con su manipulación informativa minimizan una situación que es muy grave en sí misma.

¡Democracia real ya! Hablamos alto y claro, sólo falta que se nos escuche, es la voz del pueblo. La calle es nuestra.



Europa press

Más información: Público

domingo 17 de abril de 2011

Política de debilitación del sistema sanitario público

Hace unos años que se instauró una recesión económica cuyo alcance y final parecen impredecibles. Ahora le ha llegado la hora a la sanidad pública, en algo que llaman “apretar el cinturón” (si es necesario hasta la asfixia, o no?). Primero se recortó un porcentaje del sueldo de los funcionarios públicos (en los que se incluye el personal sanitario). Recientemente se han anunciado una serie de medidas “economizadoras” como: recortes de personal (no se renovarán contratos, no se cubrirán bajas cortas, etc.); disminución de camas disponibles y cierre de algunas plantas de hospitalización (por lo menos durante los meses de junio, julio y agosto); disminución de la actividad quirúrgica con cierre de quirófanos (sobre todo de tarde); recolocación de algunos mandos intermedios, etc.

Podemos plantearnos pues: ¿qué pasará con todo el personal formado y preparado profesionalmente? (engrosando las listas del paro o emigrando a otros países?); ¿qué pasará con el trabajo que hacían estas personas? (más carga de trabajo para sus compañeros por el mismo precio?); si se contrata “mano de obra” más barata, ¿quién controlará la calidad del servicio?; ¿las necesidades de la población irán acorde con los servicios disponibles? (¿acaso va a bajar la morbilidad?); ¿acaso la gente ya no necesitará operarse tanto?); ¿qué pasará con las listas de espera? ¿y con las esperas en urgencias?...

En la otra parte está el abuso de los servicios sanitarios por parte de los propios usuarios. Hace unos días presencié una conversación telefónica entre una señora y su hija que me dejó helada, decía algo así como: “si ves que tu padre se encuentra un poco peor llamas a la ambulancia y que lo lleven al hospital, así, si entra en ambulancia le harán más caso.”. Esta señora seguramente no sabrá lo que cuesta movilizar una ambulancia para una urgencia o quizá se cree con derecho a hacer un mal uso de los recursos disponibles; porque es “gratis para todos” o “ya ha cotizado durante años” (frase muy popular entre la gente que no sabe el coste de los servicios sanitaros). ¿Cuántas parteras llegan al hospital en ambulancia con un parto eutócico, sin aparentes complicaciones? ¿Cuántas personas marchan del hospital a casa en ambulancia? Usar las ambulancias como taxis es hacer un mal uso de los recursos. ¿Cuántas personas saturan los servicios de urgencia de los hospitales por problemas nimios que pueden ser perfectamente solucionados de manera ambulatoria o pueden esperar? ¿Cuántas personas no se presentan a las citaciones en el hospital (para operarse, etc.) sin avisar (quitándole la posibilidad a otras personas de hacerlo)? ¿Por qué el botiquín de muchos ancianos está repleto de medicamentos (muchos de ellos caducados)? ¿Cuántas personas extranjeras hacen uso de los servicios sanitarios (operaciones supuestamente de urgencia, etc.) sin tener derecho a ello? (el llamado turismo sanitario), etc.

Si queremos un sistema público sostenible está claro que es necesario un cambio de mentalidad de los usuarios. Sabernos afortunados de tener prácticamente cubierto un aspecto de nuestra vida tan importante como es la salud y hacer un uso responsable de los servicios públicos disponibles. Por otra parte, se han de poner en práctica políticas que, acorde con la situación socioeconómica, garanticen la calidad y el mantenimiento óptimo de los servicios sanitarios destinados a la población, una buena gestión. Las medidas propuestas recientemente llevarán inevitablemente a una disminución de la calidad del servicio sanitario. La visión es, pues, bastante desesperanzadora. Esperemos que el mal funcionamiento de los servicios sanitarios no sirva de pretexto para justificar la privatización de los servicios o fomentar la adhesión de la población a mutuas y seguros privados.

En el documental “Sicko” de Michael Moore, por ejemplo, se puede ver como EEUU, la mayor potencia económica mundial, se sitúa en los últimos puestos de calidad sanitaria ya que funciona con un sistema de seguros médicos, con una asistencia sanitaria que sólo quiere maximizar los beneficios. Así, las personas aseguradas, como las que no, están a merced de un sistema neoliberal que supedita la salud al negocio. Poner la libertad de elección por encima de la igualdad solo beneficia a los que están mejor situados para elegir, es decir, a los de siempre…y, por el contrario, perjudica a los que han tenido la mala suerte de nacer en familias con menos oportunidades. La desigualdad social es una fuente potente de enfermedad, incapacidad y muerte.

domingo 13 de febrero de 2011

Obsolescencia programada

La obsolescencia programada se constituye como el motor de nuestra sociedad capitalista de consumo siendo una forma de crear productos con fecha de caducidad, de limitar su duración para que el usuario deba renovarlos. Así las empresas mantienen sus beneficios y, en principio, los trabajadores sus empleos. Este fenómeno se observa desde prácticamente los años ’20 cuando los fabricantes empezaron a acortar la vida útil de los productos para aumentar las ventas por ejemplo de bombillas y, más adelante, de impresoras, baterías, etc. ¿A quién no le ha pasado acabar de pagar algo y que ya no sirva? Ese es el tema de un documental estrenado hace unas pocas semanas. Su título es ‘Comprar, tirar, comprar’.



En esta sociedad, nuestro papel sería comprar cosas que no necesitamos. El crecimiento de la sociedad no se basa en satisfacer nuestras necesidades sino en crecer por crecer. Si la gente no consume la economía no crece. Este deseo del consumidor de poseer algo un poco más nuevo, un poco mejor, un poco antes de lo necesario es la base de la obsolescencia programada. En palabras de Brooks Stevens: “El antiguo enfoque europeo era crear el mejor producto y que durara para siempre. El enfoque americano es crear un consumidor insatisfecho con el producto que ha disfrutado, que lo venda de segunda mano y que compre lo más nuevo con la imagen más nueva.”

Así, se favorecen las compras frecuentes y repetidas, el consumo desenfrenado. Este estilo de vida despilfarrador de los países avanzados afecta a poblaciones como la de Ghana donde se envían residuos (PCs, impresoras, etc. inservibles) como productos de 2ª mano, allí se acumulan cual vertedero destruyendo su entorno natural.

La compañía Apple, por ejemplo, fue demandada por crear un producto (iPod) con una batería irreemprazable que duraba tan sólo unos 18 meses. ¿Qué opinan los ingenieros cuando tienen que diseñar un producto para que falle?

La naturaleza no produce residuos sino nutrientes. Deberíamos ser capaces de respetar nuestro entorno y ser capaces de exigir que el negocio y la sostenibilidad vayan de la mano. Además, las empresas deberían plantearse la ingeniería de la producción y nosotros abandonar esta forma de vivir en que el consumismo ha reemplazado la identidad relacionada con la comunidad y la pertenencia a la Tierra. Está en nuestras manos reducir la huella ecológica del consumo y la producción desenfrenados.

Fuente: Comprar, tirar, comprar