Hace unos días una niña de unos 5 años no quería entrar en quirófano, peleaba con uñas y dientes, se agarraba a las puertas y barandillas. Dada la negativa, se decidió devolverla con sus padres. Más tarde, y ante la sorpresa de todos, entraría al área quirúrgica serena y convencida de operarse. ¿Qué había pasado? Descubrimos que el padre le había convencido dándole 20 €. Parece increíble pero no es más que un ejemplo de cómo estamos educando a los pequeños. No hacemos más que trabajar e intentamos compensar la falta de tiempo para los hijos con bienes materiales. En estas fechas los niños reciben no menos de 10 regalos, así ¿cómo van a saber apreciar cada uno de ellos? No valoran nada y creen que tienen derecho a todo porque se lo hemos dado todo. Desde pequeños muestran una actitud de tiranía hacia los padres de manera que los niños son el centro de atención y los padres se convierten en un medio para conseguir lo que ellos quieren, satisfacer sus caprichos. Sólo hay que fijarse cómo piden las cosas, quizá de manera educada, pero muchas veces con insistencia militar. Estamos olvidando la importancia de educar en el esfuerzo para obtener las cosas. Los pequeños han de aprender a elegir, a compartir y a valorar lo que tienen a todos los niveles.
Estoy completamente de acuerdo pero en defensa a los padres creo que la intervención de tu propio hijo no es un momento ejemplar para instigarles por su comportamiento. Lo malo es que este hecho se extienda a todos los momentos en que hay una adversidad con tu hijo. Es entonces cuando es totalmente equívoco.
ResponderSuprimiraupa Raquel,je,je¡¡¡
Me parece increible que los niños empiecen a valorar el dinero en sí mismo. Comprendería que la niña hubiera aceptado a cambio de un juguete, pero que fuera a cambio de dinero... a lo que vamos a llegar...
ResponderSuprimirAunque, ante la crisis, hay personas que apuntan hacia una atenuación de la pauta educativa del "consumismo" y del "que no le falte de nada al niño"; me inclino a pensar que serán muchos los padres que opten por seguir con una política de restricciones personales o de gasto por encima de sus posibilidades antes que privar de algo a sus hijos. Es decir, una priorización inadaptada a las nuevas circunstancias y, de alguna forma, atenuadora de la frustración de no poder continuar con el mismo nivel de vida y dar a sus hijos todo lo que quieren; a modo de negación de la nueva realidad económica.
ResponderSuprimirEnlace a la noticia publicada en Meneame.
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