La cocaína es un estimulante adictivo que se sintetiza a partir de la hoja del arbusto Eritroxilon coca. La cocaína actúa sobre las regiones cerebrales relacionadas con sentimientos de placer y recompensa mediante la modulación de la dopamina, un neurotransmisor. Cuando comemos algo delicioso, mantenemos relaciones sexuales, ante experiencias divertidas, etc. las neuronas del Área Ventral Tegmental (AVT) liberan dopamina en las uniones con las neuronas receptoras, en el Nucleus Accumbens. Así, la dopamina transmite su mensaje a las neuronas receptoras cuya respuesta es la sensación de placer, satisfacción, etc. Pero la dopamina enseguida es reabsorbida por las células que la liberaron. La cocaína actúa bloqueando los mensajeros e impidiendo que la dopamina sea reabsorbida, provocando su acumulación en el cerebro.La cocaína puede perturbar los centros de recompensa del cerebro, de forma que el comportamiento de búsqueda de drogas se convierta en una respuesta condicionada, casi refleja. Al perder la motivación para realizar otras actividades placenteras, la cocaína se convierte en la única fuente de placer y cualquier cosa que le recuerde el consumo de la droga desencadenará un leve aumento de dopamina que conllevará una intensa necesidad del estupefaciente.

Así pues, las drogas adictivas pueden entorpecer el funcionamiento cerebral y secuestrar los sistemas de recompensa. De un reciente estudio se deriva que los aspectos psicológicos pueden tener mayor responsabilidad en esas alteraciones que los efectos químicos de la droga.
Billy Chen y Antonello Bonci, de la Universidad de California, entrenaron a 3 grupos de ratas para que accionaran palancas que les subministraban cocaína, un alimento y azúcar. Más tarde, al examinar los tejidos cerebrales de los animales se observó un incremento del vigor sináptico en el centro de recompensa de los 3 grupos de ratas. Estos “recuerdos celulares” eran efímeros en los grupos de ratas que se autoadministraban azúcar y alimentos pero en las ratas que se administraban cocaína llegaron a perdurar hasta 3 meses después de suprimir el consumo. Lo más interesante es que los cerebros de ratas que habían consumido cocaína de manera involuntaria no mostraban tales improntas.
El abuso de cocaína reactiva en el cerebro recuerdos celulares de larga duración, pero sólo si el sujeto consume la droga por su voluntad. El equipo está investigando la eliminación de la memoria celular de larga duración por el uso voluntario de cocaína para, así, suprimir el deseo de la búsqueda activa de la droga.
Fuente: Mente y Cerebro nº 35.
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