Mira el reloj, ¿qué hora es? Te invito a hacer una reflexión. Mientras coges un papel y un bolígrafo, piensa en lo que has hecho en las últimas 24h. Ahora dibuja un círculo y señala la porción de tiempo y el número de horas que has dedicado a...
¿Cuánto tiempo suman todas estas actividades?
Puede que te haya quedado tan sólo 1h para mantener unas relaciones de amistad de calidad, la comunicación con tu pareja, los hijos, los padres, ir al gimnasio, leer, ver la TV, etc. y a veces estas actividades constituyen una obligación más. Lo último es el tiempo de ocio, quizá se reduzca a un rato el fin de semana. Realmente, ¿vivimos o sobrevivimos? ¿Has elegido lo que querías hacer o era todo por obligación? Así reforzamos la creencia de que somos lo último en nuestras propias vidas.
Fue a partir del Renacimiento cuando se empezó a tomar conciencia del tiempo de ocio, la vida no era sólo para trabajar, sino para disfrutar. La persona empieza a ser el centro de su propio universo, el eje de su vida.
El mal de este siglo es la falta de tiempo; no tenemos tiempo ni para pensar; estamos disociados de nuestra realidad y pasamos por la vida sin darnos cuenta de que hemos estado. Estamos orientados a las actividades de rendimiento. Por ejemplo, me apunto a un curso de inglés para...igual no es porque realmente me apetezca. Entonces aparece un personaje en escena: el estrés, fruto de la falta de tiempo y la sobresaturación de actividades que ocupan nuestras vidas.
dormir- trabajar
- transporte
- alimentarte (simplemente comer)
- tareas domésticas (comprar, cocinar, planchar, poner la lavadora, limpiar, ordenar, etc.)
- higiene corporal, imagen e ir al lavabo.
¿Cuánto tiempo suman todas estas actividades?
Puede que te haya quedado tan sólo 1h para mantener unas relaciones de amistad de calidad, la comunicación con tu pareja, los hijos, los padres, ir al gimnasio, leer, ver la TV, etc. y a veces estas actividades constituyen una obligación más. Lo último es el tiempo de ocio, quizá se reduzca a un rato el fin de semana. Realmente, ¿vivimos o sobrevivimos? ¿Has elegido lo que querías hacer o era todo por obligación? Así reforzamos la creencia de que somos lo último en nuestras propias vidas.
Fue a partir del Renacimiento cuando se empezó a tomar conciencia del tiempo de ocio, la vida no era sólo para trabajar, sino para disfrutar. La persona empieza a ser el centro de su propio universo, el eje de su vida.
El mal de este siglo es la falta de tiempo; no tenemos tiempo ni para pensar; estamos disociados de nuestra realidad y pasamos por la vida sin darnos cuenta de que hemos estado. Estamos orientados a las actividades de rendimiento. Por ejemplo, me apunto a un curso de inglés para...igual no es porque realmente me apetezca. Entonces aparece un personaje en escena: el estrés, fruto de la falta de tiempo y la sobresaturación de actividades que ocupan nuestras vidas.
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