domingo 28 de febrero de 2010

Las razones del desencuentro

A veces intentamos comunicarnos cuando estamos en niveles distintos de conciencia. Cuando dos personas tratan de comunicarse y una está hablando desde la lógica y la otra desde lo que le pasa, el encuentro es imposible. Es como intentar una comunicación desde dos idiomas distintos, un choque de paradigmas. Es fundamental que nos demos cuenta desde dónde nos está hablando el otro: cómo se ve el otro a sí mismo, cómo me ve a mí, cómo ve lo que nos pasa. Si estoy acostumbrado a ver las cosas desde mi conciencia difusa o desde mi intuición, querer encontrarme en armonía con otro que mira la vida desde la coherencia es, en principio, una pretensión casi imposible.

La propuesta es que yo me abra a otra manera de ver las cosas, y entonces no sólo podré encontrarme con el otro, sino que incorporaré para mí mismo esa otra manera de estar en el mundo. Si una pareja plantea un problema y él lo ve desde la lógica y ella desde lo que siente, es muy difícil que se entiendan si antes no perciben y aceptan como punto de partida esas diferencias.

Por otra parte, la dificultad de estar presentes. A veces nos escondemos detrás de disfraces, no podemos tener contacto con nadie, pues nadie puede conectar verdaderamente con un personaje de ficción. Otra forma de no estar es el autoengaño; las personas no se dan cuenta de lo que les pasa, pero casi siempre tienen una explicación coherente de su sufrimiento, un libreto que justifica todo lo que les pasa pero que realmente no tiene nada que ver con su verdadero dolor.

El tercer tema es la dificultad para escuchar. Esperar con más o menos paciencia a que el otro termine de hablar sólo para poder decir lo que ya estábamos pensando no necesariamente es dialogar, sino que muchas veces es la mezcla y la superposición de dos monólogos...En estos casos, las personas no se conectan para nada con lo que el otro dice, no se escuchan porque cada uno de ellos ya ha decidido que tiene razón y, por lo tanto, lo único que están dispuestos a hacer es esperar que sea su turno para poder argumentar y demostrarlo.

“Amarse con los ojos abiertos”. Jorge Bucay y Silvia Salinas.


miércoles 17 de febrero de 2010

El pastel del tiempo (Reflexiones I)

Mira el reloj, ¿qué hora es? Te invito a hacer una reflexión. Mientras coges un papel y un bolígrafo, piensa en lo que has hecho en las últimas 24h. Ahora dibuja un círculo y señala la porción de tiempo y el número de horas que has dedicado a...

  1. dormir
  2. trabajar
  3. transporte
  4. alimentarte (simplemente comer)
  5. tareas domésticas (comprar, cocinar, planchar, poner la lavadora, limpiar, ordenar, etc.)
  6. higiene corporal, imagen e ir al lavabo.


¿Cuánto tiempo suman todas estas actividades?

Puede que te haya quedado tan sólo 1h para mantener unas relaciones de amistad de calidad, la comunicación con tu pareja, los hijos, los padres, ir al gimnasio, leer, ver la TV, etc. y a veces estas actividades constituyen una obligación más. Lo último es el tiempo de ocio, quizá se reduzca a un rato el fin de semana. Realmente, ¿vivimos o sobrevivimos? ¿Has elegido lo que querías hacer o era todo por obligación? Así reforzamos la creencia de que somos lo último en nuestras propias vidas.

Fue a partir del Renacimiento cuando se empezó a tomar conciencia del tiempo de ocio, la vida no era sólo para trabajar, sino para disfrutar. La persona empieza a ser el centro de su propio universo, el eje de su vida.

El mal de este siglo es la falta de tiempo; no tenemos tiempo ni para pensar; estamos disociados de nuestra realidad y pasamos por la vida sin darnos cuenta de que hemos estado. Estamos orientados a las actividades de rendimiento. Por ejemplo, me apunto a un curso de inglés para...igual no es porque realmente me apetezca. Entonces aparece un personaje en escena: el estrés, fruto de la falta de tiempo y la sobresaturación de actividades que ocupan nuestras vidas.

martes 2 de febrero de 2010

Los hábitos alimentarios se heredan


“Los hábitos alimentarios se inician a los 3 o 4 años y se establecen entre los 10 y 11, después es muy difícil cambiarlos” señala la Dra. Ángela Ferrer, endocrinóloga infantil de la clínica Teknon.


Diez consejos alimentarios:


1. Mantener una alimentación equilibrada (comer un poco de todo). Cuanto más variada sea una alimentación, más probabilidades de que sea equilibrada. Desde los 2 años el niño puede comer de todo y debe aprender a hacerlo. Cuantos más sabores pruebe, mejor, a mayor edad será más difícil.

2. El niño debe aprender que hay unos alimentos que nos gustan más que otros, no puede ser que no le guste toda la verdura o todo el pescado. A veces deberá probar los alimentos más de una vez para acostumbrar el gusto; puede ayudar preparar los alimentos de diferentes maneras y de forma atractiva.



3. Nunca utilizar la comida como premio o castigo. La comida es una fuente de placer.


4. Mantener unos horarios estables de comidas.


5. No dar a escoger. Un niño no debe escoger qué comer, deciden los padres. Se pueden dar opciones como por ejemplo entre 2 tipos de verduras o entre diferentes formas de preparación.

6. No obligar a comer. No pasa nada si un niño sano come mal en una ingesta, pero debemos evitar darles sólo lo que les gusta o lo que comen bien. Algunas estrategias podrían ser: repetir en la siguiente comida el plato dejado, no pasar al segundo plato o al postre hasta acabar, quitar el plato al mismo tiempo que a los demás (esté lleno o vacío), no levantarse de la mesa hasta acabar. Respetar si el niño manifiesta estar saciado, los estímulos internos de saciedad pueden verse alterados a largo plazo con la premisa de comer hasta finalizar la cantidad de comida que nosotros consideremos; el niño tiene que ser capaz de valorar sus límites.

7. Intentar que la familia coma unida (al menos una vez al día), siempre en la misma mesa y sin tele ni móviles, favoreciendo la conversación y dejando los problemas al margen. Una cena debería durar unos 35-45 min. Enseñar a comer lentamente y no levantarse de la mesa hasta que se termine. Todos deben comer lo mismo. Si se hace merienda-cena o se come en otro lugar o delante de la tele ha de quedar diferenciado como algo excepcional.

8. Realizar 5 comidas al día y evitar el picoteo entre horas. A media mañana o la merienda, sustituir la bollería por un bocadillo, fruta o yogur. Evitar las chucherías pues aportan calorías vacías de nutrientes pudiendo llegar a sustituir comidas.

9. Para no pasar hambre se deben ingerir hidratos de carbono de absorción lenta que se encuentran en alimentos como galletas, cereales, biscotes, tostadas o pan, arroz, pasta, patatas y legumbres. Evitar alimentos de elevado índice glucémico, se procesan rápido pues enseguida se convierten en azúcar, pero no sacian.

10. Si todos los miembros de la familia, sobre todo los niños, participan en las actividades relacionadas con la alimentación (ir a la compra, hacer el menú semanal, preparar alimentos, etc.) valoraran el esfuerzo que conlleva la preparación y comerán con más ilusión.

Los padres deben dar ejemplo con una comida sana y unos buenos hábitos tanto alimentarios como de actividad física para evitar en sus hijos la obesidad infantil y, ya en la edad adulta, complicaciones por diferentes patologías, problemas a nivel emocional y una menor esperanza de vida.

Fuente: ES- 23 enero 2010.