Hace unos años que se instauró una recesión económica cuyo alcance y final parecen impredecibles. Ahora le ha llegado la hora a la sanidad pública, en algo que llaman “apretar el cinturón” (si es necesario hasta la asfixia, o no?). Primero se recortó un porcentaje del sueldo de los funcionarios públicos (en los que se incluye el personal sanitario). Recientemente se han anunciado una serie de medidas “economizadoras” como: recortes de personal (no se renovarán contratos, no se cubrirán bajas cortas, etc.); disminución de camas disponibles y cierre de algunas plantas de hospitalización (por lo menos durante los meses de junio, julio y agosto); disminución de la actividad quirúrgica con cierre de quirófanos (sobre todo de tarde); recolocación de algunos mandos intermedios, etc.
Podemos plantearnos pues: ¿qué pasará con todo el personal formado y preparado profesionalmente? (engrosando las listas del paro o emigrando a otros países?); ¿qué pasará con el trabajo que hacían estas personas? (más carga de trabajo para sus compañeros por el mismo precio?); si se contrata “mano de obra” más barata, ¿quién controlará la calidad del servicio?; ¿las necesidades de la población irán acorde con los servicios disponibles? (¿acaso va a bajar la morbilidad?); ¿acaso la gente ya no necesitará operarse tanto?); ¿qué pasará con las listas de espera? ¿y con las esperas en urgencias?...
En la otra parte está el abuso de los servicios sanitarios por parte de los propios usuarios. Hace unos días presencié una conversación telefónica entre una señora y su hija que me dejó helada, decía algo así como: “si ves que tu padre se encuentra un poco peor llamas a la ambulancia y que lo lleven al hospital, así, si entra en ambulancia le harán más caso.”. Esta señora seguramente no sabrá lo que cuesta movilizar una ambulancia para una urgencia o quizá se cree con derecho a hacer un mal uso de los recursos disponibles; porque es “gratis para todos” o “ya ha cotizado durante años” (frase muy popular entre la gente que no sabe el coste de los servicios sanitaros). ¿Cuántas parteras llegan al hospital en ambulancia con un parto eutócico, sin aparentes complicaciones? ¿Cuántas personas marchan del hospital a casa en ambulancia? Usar las ambulancias como taxis es hacer un mal uso de los recursos. ¿Cuántas personas saturan los servicios de urgencia de los hospitales por problemas nimios que pueden ser perfectamente solucionados de manera ambulatoria o pueden esperar? ¿Cuántas personas no se presentan a las citaciones en el hospital (para operarse, etc.) sin avisar (quitándole la posibilidad a otras personas de hacerlo)? ¿Por qué el botiquín de muchos ancianos está repleto de medicamentos (muchos de ellos caducados)? ¿Cuántas personas extranjeras hacen uso de los servicios sanitarios (operaciones supuestamente de urgencia, etc.) sin tener derecho a ello? (el llamado turismo sanitario), etc.
Si queremos un sistema público sostenible está claro que es necesario un cambio de mentalidad de los usuarios. Sabernos afortunados de tener prácticamente cubierto un aspecto de nuestra vida tan importante como es la salud y hacer un uso responsable de los servicios públicos disponibles. Por otra parte, se han de poner en práctica políticas que, acorde con la situación socioeconómica, garanticen la calidad y el mantenimiento óptimo de los servicios sanitarios destinados a la población, una buena gestión. Las medidas propuestas recientemente llevarán inevitablemente a una disminución de la calidad del servicio sanitario. La visión es, pues, bastante desesperanzadora. Esperemos que el mal funcionamiento de los servicios sanitarios no sirva de pretexto para justificar la privatización de los servicios o fomentar la adhesión de la población a mutuas y seguros privados.
En el documental “Sicko” de Michael Moore, por ejemplo, se puede ver como EEUU, la mayor potencia económica mundial, se sitúa en los últimos puestos de calidad sanitaria ya que funciona con un sistema de seguros médicos, con una asistencia sanitaria que sólo quiere maximizar los beneficios. Así, las personas aseguradas, como las que no, están a merced de un sistema neoliberal que supedita la salud al negocio. Poner la libertad de elección por encima de la igualdad solo beneficia a los que están mejor situados para elegir, es decir, a los de siempre…y, por el contrario, perjudica a los que han tenido la mala suerte de nacer en familias con menos oportunidades. La desigualdad social es una fuente potente de enfermedad, incapacidad y muerte.
Podemos plantearnos pues: ¿qué pasará con todo el personal formado y preparado profesionalmente? (engrosando las listas del paro o emigrando a otros países?); ¿qué pasará con el trabajo que hacían estas personas? (más carga de trabajo para sus compañeros por el mismo precio?); si se contrata “mano de obra” más barata, ¿quién controlará la calidad del servicio?; ¿las necesidades de la población irán acorde con los servicios disponibles? (¿acaso va a bajar la morbilidad?); ¿acaso la gente ya no necesitará operarse tanto?); ¿qué pasará con las listas de espera? ¿y con las esperas en urgencias?...
En la otra parte está el abuso de los servicios sanitarios por parte de los propios usuarios. Hace unos días presencié una conversación telefónica entre una señora y su hija que me dejó helada, decía algo así como: “si ves que tu padre se encuentra un poco peor llamas a la ambulancia y que lo lleven al hospital, así, si entra en ambulancia le harán más caso.”. Esta señora seguramente no sabrá lo que cuesta movilizar una ambulancia para una urgencia o quizá se cree con derecho a hacer un mal uso de los recursos disponibles; porque es “gratis para todos” o “ya ha cotizado durante años” (frase muy popular entre la gente que no sabe el coste de los servicios sanitaros). ¿Cuántas parteras llegan al hospital en ambulancia con un parto eutócico, sin aparentes complicaciones? ¿Cuántas personas marchan del hospital a casa en ambulancia? Usar las ambulancias como taxis es hacer un mal uso de los recursos. ¿Cuántas personas saturan los servicios de urgencia de los hospitales por problemas nimios que pueden ser perfectamente solucionados de manera ambulatoria o pueden esperar? ¿Cuántas personas no se presentan a las citaciones en el hospital (para operarse, etc.) sin avisar (quitándole la posibilidad a otras personas de hacerlo)? ¿Por qué el botiquín de muchos ancianos está repleto de medicamentos (muchos de ellos caducados)? ¿Cuántas personas extranjeras hacen uso de los servicios sanitarios (operaciones supuestamente de urgencia, etc.) sin tener derecho a ello? (el llamado turismo sanitario), etc.
Si queremos un sistema público sostenible está claro que es necesario un cambio de mentalidad de los usuarios. Sabernos afortunados de tener prácticamente cubierto un aspecto de nuestra vida tan importante como es la salud y hacer un uso responsable de los servicios públicos disponibles. Por otra parte, se han de poner en práctica políticas que, acorde con la situación socioeconómica, garanticen la calidad y el mantenimiento óptimo de los servicios sanitarios destinados a la población, una buena gestión. Las medidas propuestas recientemente llevarán inevitablemente a una disminución de la calidad del servicio sanitario. La visión es, pues, bastante desesperanzadora. Esperemos que el mal funcionamiento de los servicios sanitarios no sirva de pretexto para justificar la privatización de los servicios o fomentar la adhesión de la población a mutuas y seguros privados.
En el documental “Sicko” de Michael Moore, por ejemplo, se puede ver como EEUU, la mayor potencia económica mundial, se sitúa en los últimos puestos de calidad sanitaria ya que funciona con un sistema de seguros médicos, con una asistencia sanitaria que sólo quiere maximizar los beneficios. Así, las personas aseguradas, como las que no, están a merced de un sistema neoliberal que supedita la salud al negocio. Poner la libertad de elección por encima de la igualdad solo beneficia a los que están mejor situados para elegir, es decir, a los de siempre…y, por el contrario, perjudica a los que han tenido la mala suerte de nacer en familias con menos oportunidades. La desigualdad social es una fuente potente de enfermedad, incapacidad y muerte.
Habría que preguntarle a los políticos ...
ResponderSuprimir- Como es posible que hace 1 año alertaban sobre la falta de médicos de diferentes especialidades, lo que justificaba convalidar (en algunos casos regalar) el título de especialista a extranjeros de países donde no está regularizada la formación especializada, y ahora, este año, la mayoría, por no decir casi todos, los residentes que terminan su formación después de 12-13 años de formación, se van al paro.
- Como es posible que de un día para otro haya un agujero tan grande en las recursos económicos del sistema sanitario público
- Cómo se gestiona el dinero de todos. Tanto en las diferentes partidas presupuestarias como dentro del sistema de salud.
- Porqué recortar sobre todo el gasto en personal. Las máquinas por muy caras que sean, no le miran a los ojos a las personas que sufren una enfermedad, no las escuchan, no le dicen cúal puede ser su problema y las posibles soluciones, si las hay. Y si hablamos de los fármacos....Un ejemplo: las lagrimas artificiales, muchas de ellas cubiertas por la seguridad social, son cada vez más utilizadas. Se utilizan en algunas enfermedades, pero la mayoría se prescriben en ojos sanos. El uso y abuso de las pantallas de ordenador, móviles, televisión, ..., provoca molestias en los ojos que mejoran con lágirmas. Y si le prescribes a alguien una lágrima que no cubre la SS, te exige que le recetes una que si cubra la SS, porque tiene derecho. Y razón tiene. Y me parece bien. Pero debemos tener en cuenta que el dinero que se usa para algo, no se usa para otra cosa. Y veamos un dato que debería hacernos reflexionar: el gasto en lágrimas artificiales en Granollers en el año 2010 fue superior a 1 millón de euros. Con ese dinero que va destinado a las grandes farmacéuticas que están recortando gastos en investigación, y aprovechando la situación de crisis para despedir empleados, ¿cuántas nóminas se podrían pagar? ¿Cuantas familias podrían comer con esas nóminas? ¿Cuantos subsidios por desenpleo se ahorrarían?
Raquel, enhorabuena por el post. Hay que ser valiente para decir lo que puede ser "políticamente incorrecto", para hablar del abuso por parte de los usuarios del sistema sanitario, del turismo sanitario,...
ResponderSuprimirY un apunte más...¿por qué no exigimos que se regule por ley la formación de los políticos? Acaso no queremos que quienes tomen decisiones tan importantes en nuestra vida demuestren una mínima formación y expereincia. Permitiríamos que un estudiante o un aficionado a la ingeniería aeronautica construyera aviones? Permitimos acaso en nuestra sociedad que cualquiera realice una compleja cirugía?
Entonces, por que cualquiera puede ser ministro?